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En uno de sus muchos viajes al Yggdrasil, la diosa adoptó la forma de una Jötun (raza de los gigantes de hielo) nacida en Utgard, una fortaleza de hielo y nieve. Allí conoció a un gigante llamado Genox, el cual era el guerrero más poderoso y despiadado de todos los Jötun, con un carácter malhumorado y perverso.

En su juventud, Genox fue invitado al Asgard por los mismísimos dioses debido a su inteligencia y habilidad, sin embargo fue traicionado nada más llegar.

Los Jötun, partidarios en su mayoría de la sección del caos, eran constantemente derrotados, ridiculizados y masacrados por los dioses, en especial por Thor, el dios del trueno, el cual gustaba de hacer viajes a Jötunheim para matar a cuantos pudiera.

Un día en que el dios Thor se encontraba masacrando gigantes, Genox se acercó sigilosamente entre el fragor de la batalla y aprovecho una fisura en la defensa del dios, despojándolo de su martillo y volviéndolo vulnerable. La gran mayoría de los Jötun estaban muertos o en condiciones muy desfavorables, siendo Genox el único en pie para poder hacerse con la cabeza de Thor y encontrarse un paso más cerca del Ragnarok, sin embargo vaciló en matarlo, siendo Genox uno de los pocos Jötun que realmente se planteaban el significado de la victoria del caos sobre el orden.

Thor aprovechó este momento para confundir a Genox y ofrecerle un puesto en el Asgard como compañero de los dioses, halagando su fuerza y astucia. Genox no dudó en aceptar, viendo esta como una oportunidad única de discernir cual de los dos bandos merecía verdaderamente ganar la guerra.

Llegados al Asgard, Thor se volvió a Genox "¿Creías que dejaría pasar a uno de los tuyos cuando los vuestros buscáis la caída del Yggdrasil?" Thor hirió de gravedad a Genox cuando este menos se lo esperaba. A duras penas logró escapar de lo que parecía una muerte segura, abandonando en su regreso a Jötunheim toda su piedad y franqueza, transformándose en un ser altanero y desconsiderado.

Desde aquél encuentro, sus dudas se disiparon, volviéndose un general del ejercito Jötun de ávidos guerreros consagrados a la facción del caos.

Cuando Genox y Nerea se conocieron, Genox había sido herido en una batalla contra el dios que una vez le hubo traicionado. El encolerizado general Jötun, se dejó llevar por el odio y atacó precipitadamente al dios del trueno, consiguiendo un contragolpe a causa de su impulsiva acción.

Nerea, médico militar de segunda categoría asignada a tratar las heridas de Genox, se sorprendió al escuchar la osadía del general al enfrentarse por su cuenta a Thor y salir casi ileso.

"Esta será la última vez que perdamos contra esa escoria" fueron las únicas palabras que le dedicó a Nerea a cambio de tratar sus heridas, sin embargo, aquella no fue la última vez que Nerea y Genox se vieron las caras. Con el tiempo, ambos Jötun comenzaron a conversar más, compartiendo su punto de vista sobre la situación actual de la guerra y el destino que podría desencadenar para ellos tanto la derrota como la victoria.

Genox vio en ella rasgos de su antiguo yo, inseguro, compasivo y desbordante de energía. No estaba convencido de si odiar o no a su compañera, la cual parecía no darse cuenta de lo podrido que podía estar el mundo y de que los dioses, lejos de ser divinidades justas no eran más que un atajo de asesinos sin escrúpulos.

Sin siquiera percatarse, comenzó a observar a Nerea en su trabajo siempre que se le presentaba la oportunidad. Era muy distinta a otros oficiales y cadetes, hacía su trabajo no solo por ganar la guerra o por obligación, sino por el bien de ayudar a otros. En su rostro no se podía encontrar una pizca de malicia y aun estando cansada, seguía dando lo mejor de si misma sin dejar que otros se percatasen de sus dudas internas y preocupaciones. Otros... pero no Genox, el cual después de tanto tiempo observándola empezó a diferenciar bien sus gestos sin dejarse engañar por sus palabras.

"No lo entiendo, no entiendo cómo puedes ser así. Cómo puedes continuar cuando este exceso de trabajo claramente te está pasando factura, cómo puedes continuar cuando los demás hacen caso omiso a todo lo que haces por ellos, cómo puedes continuar cuando fingir estar bien solo hace más daño... cómo pudes continua... cuando estas mentiras te hacen tanto daño a ti misma..." Le reprochó Genox, un día en su chequeo. Nerea parecía sorprendida por las palabras de Genox, por su seguridad y la vez inercia.

"Puedes llamarlo mentir y decir que esas mentiras solo me dañaran a mi, pero sin esas mentiras y esas molestias, muchos Jötun ni siquiera estarían aquí... muchos pueden parecer fríos y distantes... pueden parecer insensibles... pero cada uno de ellos tienen sus razones para ser así... hay veces en que me planteo si merece la pena, y empiezo a dudar de mis decisiones, a olvidar por lo que ellos también tuvieron que pasar... pero en alguna parte siguen en mi cabeza esos pensamientos... diciéndome que tienen sus razones" En primera instancia, Nerea parecía completamente en contra de aquella guerra, parecía a veces confusa, a veces indefensa, a veces insegura... pero cuando hablaba de aquella forma parecía segura de la decisión que tomaba, lo cual dejó una fuerte impresión en Genox.

No, ella no era igual a él, comenzó a recordar. ¿Por qué había empezado a luchar? ¿Por qué luchaban los Jötun? ¿Por venganza? ¿Por su venganza? Aquella guerra era distante al inicio y no asemejaba tener ningún fin, todo lo que quedaba era inútil una batalla eterna. ¿Aquél derramamiento de sangre era realmente necesario? Genox siempre fue un Jötun con dudas, algo que olvidó entre asalto y asalto.

Si la traición fue necesaria para convencerle de que los dioses debían morir, ¿Qué fue lo necesario para convencer a los dioses de acabar con toda una raza? Genox había olvidado qué fue lo que le llevó a comenzar con aquél ciclo de sufrimiento, pero por fin logró esclarecer qué quería hacer en adelante. Encontrar una razón de ser, un propósito distinto al "porque siempre ha sido así".

Trascurrieron los años, Genox ya no luchaba ciego de odio, sino abierto de mente. Había llegado la hora de la batalla, esta vez no sería como la anterior, no se dejaría llevar.

Como de costumbre, Thor junto a otros dioses volvían a diezmar sus tropas, se encontraban en un momento crítico. Genox enfrentó directamente a Thor, con ataques pesados y certeros, cuidando su guardia y confiando en el apoyo de sus compañeros en vez de soportar todo el peso de sus decisiones por su cuenta. No era sólo uno, no luchaba solo ni por sus propias deseos, sino juntos, luchaban por sobrevivir.

Genox esquivaba cada golpe de Thor con una agilidad sorprendente para un Jötun, pero todo lo bueno llega a un final. Genox exigía respuestas por parte de Thor, el cual llevaba siglos en aquella guerra, debía conocer el objetivo de la misma. Pero era constantemente ignorado.

"Un muerto no necesita respuestas" Genox trató de objetar algo, pero fue demasiado tarde. Había sobrevivido a muchas batallas, más batallas incluso que el de la mayoría de los Jötun. El martillo atravesó su estomago por completo, no saldría de aquello ni aun siendo atendido de inmediato, era su fin. No tenía arrepentimientos, pues su destino como guerrero era morir en el campo de batalla. Tan solo se arrepentía de no haber tenido oportunidad de decirle a Nerea que sus palabras habían sido de vital importancia para él.

"¿Eyra... era su nombre? Esa Jötun disponía de una fuerte voluntad... por ella... habría sido agradable dejar de luchar..." sonrió amargamente, podía haber sido una tontería, ni siquiera hablaron lo suficiente como para considerarse amigos, y sin embargo, tenía un encanto del que los demás carecían, un aura cálida capaz de hacerle sentir tranquilo incluso en medio de todo el caos. Verla por última vez... no, era demasiado pedir, un medico no duraría ni un solo segundo en el campo de batalla.

Y sin embargo... allí estaba... arrodillada a su lado, no sabía de dónde había salido ni cómo le había encontrado, pero allí estaba, intentando impedir que se desangrase, pero todo esfuerzo era inútil. Parecía un espejismo, alguna clase de respuesta por parte de su mente a sus últimos deseos de verla. Pero aquello era real, estaba a su lado, con lágrimas bajando zigzagueantes por sus mejillas, sin decir palabra.

"¿Por qué... estás aquí?" pero no hubo respuesta por parte de Nerea, tan solo le miró silenciosamente, con una expresión que nunca antes había logrado apreciar... y la cual hubiese preferido nunca ver. Era una mezcla entre dolor y preocupación, aquella pequeña, pues era bastante bajita aun siendo un Jötun, nunca dejaba de sorprenderle. Extendió una mano para acariciar su cabello, él ya había aceptado su muerte y era demasiado peligroso para ella. Estaba a punto de decirle que se marchara, que era feliz con el hecho de verla por última vez... cuando se dio cuenta de cómo se habían tornado las cosas en el campo de batalla.

Todos sus compañeros habían muerto uno por uno, y justo detrás de Nerea... Thor. Levantando su martillo para dejar caer un golpe mortal sobre ella. Genox se levantó con dificultad pese a que su herida no le debería permitir moverse. Justo a tiempo para apartar a Nerea, confusa y desviar el martillo con su mano izquierda, la cual fue arrancada de cuajo por el poder del martillo, cayendo a varios metros de distancia de Genox. Manchando de rojo la blanca nieve.

Incapaz de seguir sosteniendo su cuerpo, Genox cayó sentado de rodillas, apretando los dientes a causa del dolor pero sin dejar de mirar al dios del trueno, el cual parecía complacido de tener un enfrentamiento interesante por primera vez en mucho tiempo.

"¡No eres un Jötun cualquiera, por lo que puedo apreciar! ¿Nos hemos visto en alguna parte?" Genox escupió a sus pies, a lo que Thor respondió con una carcajada. Levantó su martillo, dispuesto a terminar con lo que había empezado. Genox le dirigió una mirada de odio, cada vez le parecían más despreciables aquellos dioses, pero había aceptado que no podría evitar su muerte a manos aquél a quien más odiaba. Era frustrante saber que para aquél dios su existencia era tan insignificante que incluso la había olvidado, cuando por su parte, aquél dios engreído había supuesto un cambio en su vida y visión del mundo. Por lo menos, le tranquilizaba saber que gracias a su muerte, Nerea había conseguido la oportunidad de escapar.

Thor desató la furia de su martillo contra el ya derrotado Jötun que se encontraba frente a él, no obstante, no fue Genox quien recibió el impacto... sino Nerea.

Genox dejó escapar un grito de desesperación desde el fondo de sus entrañas "¡NO!, ¡NO...! ¿Por qué tú...?" no podía creerlo, se sentía no solo derrotado, sino roto por dentro. Después de tantas batallas, de tantas guerras, de tantas muertes... ¿Qué es lo que había significado? Nada, para los dioses la muerte de Nerea solo sería un número, pero para Genox lo significaba todo. Se encontraba impotente, con un dolor en el pecho que superba infinitas veces el dolor provocado por sus heridas en combate. ¿Por qué había llegado tan lejos solo por protegerle?

El cuerpo de Nerea cayó inerte al suelo. Thor lo rodeó con una expresión de superioridad y se dispuso a acabar con Genox de una vez por todas, cansado de interrupciones. Cuando de repente, un brillo entre dorado y blanquecino empezó a ser emitido por el cuerpo de Nerea, el cual yacía en el mismo lugar en el que había caído. De las entrañas de la Jötun, una figura similar a la de una humana comenzó a emerger.

Thor se quedó inmóvil, una mueca de terror se dibujó en su rostro "Odin me hará pagar por esto..." llegó a los oídos de Genox justo antes de que Thor y los otros dioses se retirasen como si la batalla hubiera sido perdida. La pequeña y reluciente figura que había aflorado del cuerpo de Nerea, se acercó Genox y agrandando su tamaño hasta casi igualar al de él, acercó la mano a su mejilla y habló con la voz más dulce que Genox jamás había escuchado.

"Ahora que he vuelto a mi cuerpo... es posible que no nos volvamos a ver... Aunque fue corto el tiempo que pasamos juntos, pude ver que no eres como los dioses describen a tu raza, tu alma brilla como ninguna otra." No había forma de comprobarlo, sin embargo, Genox sabía que aquella chica era Eyra. La calidez que le transmitía su tacto, la paz que le brindaban sus palabras... no podía ser otra.

-En otro mundo podrías haber vivido en paz -prosiguió la diosa-. Pero no te preocupes, me encargaré personalmente de que tu alma viaje al lugar que realmente mereces.

-No... -la interrumpió Genox con una débil voz-. el lugar que merezco, el significado de esta guerra... son cosas que realmente no me importa. Todo lo que quiero es poder permanecer a tu lado, pues sé que no hay lugar mejor que ese, aun si tengo que librar mil batallas, aun si tengo que morir mil veces... quiero permanecer a tu lado y ser capaz de sentir la paz que transmiten tus palabras, ahora me doy cuenta de ello.

La diosa, conmovida por sus palabras, le regaló la más tierna de sus sonrisas y curó su cuerpo malherido.

-Si eso es lo que deseas -contestó Nerea, extendiéndole la mano-. entonces sígueme.

Genox tomó su mano. Y su cuerpo, recuperado de sus heridas, se sumió en un descanso eterno.

El alma de Genox fue llevada al Limbo, y desde aquél entonces, se volvió el titán que protege el plano astral de la diosa.