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Durante la segunda guerra mundial, tantas almas fueron enviadas a juzgar que el Hades no daba a basto, lo cual ocasionó que uno de sus ríos acabase desbordado, el Cocito. Ya que no era por no poder pagar a Caronte que las almas tuviesen que vagar por sus orillas, sino porque eran tantas las almas a la espera de ser juzgadas que se volvía imposible hacerse cargo de todas ellas. Esto derivó en que las lágrimas de los pecadores que alimentaban el Cocito, fuesen sustentadas por las de aquellas almas vagando a espera de su juicio, incapaces de letargar hasta no haber sido juzgadas.

El cauce del rio aumentó y sus tranquilas aguas se volvieron picadas y vertiginosas. No duró mucho, pues fue solo cuestión de tiempo que el rio se desbordase, yendo a desembocar al Midgard. Durante 3 días y 3 noches llovieron las aguas del rio, las cuales estaban formadas por las lamentaciones de los muertos, lo cual provocó que todo cadáver bañado accidentalmente por estas aguas, regresase a la vida con un alma distinta.

Fue un caos, muchas almas ya juzgadas se encontraban incapaces de recordar nada dentro de un cuerpo pútrido, mientras que las vagabundas almas del Cocito entraban a aquellos cuerpos descompuestos con sus recuerdos intactos. En las tierras del Midgard cundió el pánico; los muertos regresaban una y otra vez pese a ser asesinado, mientras que cada semana, una extraña lluvia rojiza caía del cielo durante 3 días y noches, siendo al final de la tercera noche cuando los cuerpos que habían conseguido detener, volvían a moverse.

En vista de no poder detener a los muertos, los humanos, la raza más avariciosa de todo el Midgar, asociaron las resurrecciones con la lluvia roja y comenzaron a encerrar a los cadáveres dentro de jaulas sin techo, para bañarlos con la lluvia roja. Estudiando a sus nuevos juguetes, se percataron de que los no-muertos eran mucho más débiles que su especie de origen, los humanos utilizaron aquella jugosa información para someterlos y hacer de ellos unos nuevos esclavos.

En su era, fue moralmente aceptado por muchos pese a ser rechazado por una pequeña minoría que aun respetaba a los muertos. Los ricos asesinaban a todo aquel que se opusiera a los esclavos no-muertos, así como a los campesinos que no fuese de utilidad, aumentando el número de muertes y empeorando la situación en el Hades.

En esta oscura era, un joven